¿En qué te puedo ayudar? ¿Qué es lo que te molesta? ¿Qué querés mejorar?
Siempre empiezo con las mismas tres preguntas. Son simples, pero dicen mucho. Esa primera charla no es solo una consulta médica. Es un espacio donde, muchas veces, comienza a gestarse un cambio. Y en ese proceso, lo más importante es tener claridad: que el deseo no venga de afuera, que sea propio, sincero, profundo. Porque sentirte bien con vos misma o mismo es el verdadero propósito de una cirugía.

La cirugía plástica es una especialidad muy amplia. Trabajo desde hace años en este campo, con especial foco en cirugías mamarias y rinoplastias. Ambos son procedimientos que muchas mujeres y hombres eligen para reconectar con su identidad, sentirse más cómodos, más seguros, o simplemente para verse como siempre quisieron.

Pero antes de cualquier decisión, la charla es clave. Muchas veces llegan pacientes con una imagen en el celular y una frase como: “Quiero quedar así”. Y mi respuesta es siempre la misma: “Podemos mejorar muchas cosas, pero no podemos copiar una imagen. Cada cuerpo es único, y lo que buscamos es la mejor versión para vos, no una fotocopia de alguien más.”

Me interesa que cada persona sepa todo antes de tomar una decisión: qué estudios necesita, cómo es el proceso, qué puede esperar y qué no. Que entienda que los resultados no son inmediatos y que el postoperatorio es parte fundamental del camino.

Porque, al final, no se trata solo de un cambio estético.

Se trata de volver a mirarte y reconocerte. De que cada decisión que tomes sobre tu cuerpo nazca desde el amor propio, con información y el acompañamiento adecuado.