Cuando empecé mi camino como profesional, me dediqué exclusivamente a la cirugía plástica reparadora, especialmente en niños. Con los años, y también desde mi experiencia como mujer, empecé a mirar de otra manera la cirugía estética. Observando a las mujeres que me rodean todos los días, descubrí que podía acompañarlas desde un lugar más empático y real. Porque yo también soy madre, tengo hijos y muchas veces me falta tiempo para mí. Por eso entiendo lo importante que es sentirse bien y poder hacerse ese espacio propio.

Para mí, la estética no se trata de cambiar a alguien. Se trata de ayudar a que una persona se sienta más cómoda consigo misma. Potenciar lo mejor de cada uno, sin imponer moldes ni perseguir ideales inalcanzables. Cuando la estética se aplica con criterio, puede ser una herramienta de transformación profundamente positiva. Pero siempre, siempre, tiene que estar al servicio del bienestar personal.

Por eso le doy tanta importancia a la primera consulta. Ahí es donde realmente puedo escuchar y entender qué busca esa persona que viene a verme, y evaluar si ese cambio que desea le va a sumar. No todos los procedimientos son para todos, y siento que una parte esencial de mi trabajo es poder asesorar con honestidad.

Hoy más que nunca creo que elegirnos también es una forma de cuidarnos. Permitirse un cambio, un mimo, una mejora, no es superficial: es una manera de reconectar con nosotras mismas. Mi deseo es que cada mujer se sienta libre de buscar lo que necesita para estar mejor, sin culpa, sin juicios y con la certeza de que merece sentirse bien en su propia piel. Porque cuando nos elegimos, también nos fortalecemos. Y desde ese lugar, todo es posible.

Dra. Ileana Gilli